Se cumplen 20 años de la segunda desaparición de Julio López y la investigación no generó ningún dato sobre el testigo clave en el juicio a Miguel Echecolatz.
Se cumplen 20 años de la segunda desaparición de Julio López y la investigación no generó ningún dato sobre el testigo clave en el juicio a Miguel Echecolatz.
Los registros telefónicos que quedaron durante las primeras horas de desaparición de Julio López hace exactamente 20 años y su geolocalización forman una de las principales líneas de investigación que aún persisten para intentar reconstruir qué ocurrió con el albañil de Los Hornos.
Es la base de datos que reúne comunicaciones captadas por las antenas de la zona en las las horas críticas, antes y después de la mañana de aquel 18 de septiembre de 2006, cuando aparecen los últimos rastros de presencia de testigo de los juicios de lesa humanidad desaparecido por segunda vez.
López salió de su casa de Los Hornos durante la mañana del 18 de septiembre de 2006 y nunca apareció. Ese día tenía previsto asistir a los alegatos del juicio contra el represor Miguel Etchecolatz, en el que unos meses antes había aportado un testimonio determinante para reconstruir los crímenes del denominado Circuito Camps y condenar al represor.
La causa que investiga la segunda desaparición
Veinte años después, su paradero sigue siendo desconocido y la causa en el ámbito de la Justicia Federal continúa abierta, a cargo del fiscal Hernán Shapiro.

Entre las líneas que permanecen bajo análisis hay una que, por la dimensión de la información que concentra, resulta particularmente compleja: el entrecruzamiento de alrededor de 10 millones de registros telefónicos. Son comunicaciones captadas por distintas antenas de la región y que permiten reconstruir, al menos técnicamente, qué teléfonos se comunicaron, cuándo lo hicieron y desde qué zona se activaron las antenas.
El objetivo no es simplemente encontrar una llamada que mencione a López. De acuerdo a lo que indicaron fuentes judiciales, los investigadores están trabajando en colaboración con la Dirección General de Investigaciones y Apoyo Tecnológico a la Investigación Penal (DATIP) y buscan reconstruir una red de comunicaciones y movimientos que pueda aportar información sobre las personas que estuvieron en la zona durante las horas en las que desapareció.
Una base de datos que crece
El volumen de información fue creciendo a medida que avanzó la investigación. En 2013, la Unidad Fiscal de La Plata informó a la familia de López y a las querellas que trabajaba con 5.009.777 llamadas registradas en zonas próximas al domicilio entre el 17 y el 18 de septiembre de 2006. La base contenía datos como fecha, duración de la comunicación, celda telefónica, abonado de origen y destino, titularidad y domicilio.
En ese momento, la Fiscalía había solicitado específicamente cruzar las comunicaciones de personas sospechadas con las llamadas efectuadas el 18 de septiembre de 2006, entre las 7 y las 11 de la mañana. La hipótesis técnica era que esos cruces podían permitir ubicar a determinadas personas en el lugar y momento de los hechos o establecer vínculos hasta entonces desconocidos.

Tres años después, en 2016, la Unidad Fiscal informó que había conseguido acotar aquella enorme base de datos y que el análisis de los registros telefónicos seguía siendo una de las principales herramientas de la investigación. También se pidió preservar la información almacenada por las compañías telefónicas para evitar su pérdida.
Pero el universo terminó siendo todavía mayor. En 2021, a 15 años de la desaparición, se informó que el expediente trabajaba sobre unos 10 millones de llamadas y su geolocalización en el área de Los Hornos donde López vivía y fue visto por última vez.
Ahora a 20 años, Rubén López, uno de los hijos, confirmó en los últimos meses arrancó un trabajo de reorganización de esos registros para determinar si es posible extraer datos concretos y llegar a una conclusión.
¿Qué busca la Justicia dentro de esos 10 millones de llamadas?
La reconstrucción tiene varios pasos. Uno de los trabajos consiste en establecer qué comunicaciones mantuvo el teléfono del domicilio de López durante el denominado “período crítico”, ubicado entre el 15 y el 18 de septiembre de 2006.
A partir de allí, el análisis busca identificar los teléfonos que tuvieron contacto con esa línea y, posteriormente, reconstruir con quiénes se comunicaron esos abonados. El dato sobre las comunicaciones que pudieron haber con el teléfono fijo de la familia López es clave, ya que una hipótesis apunta a que hubo algo –tal vez una llamada– que llevaron al testigo a salir de su casa en plena madrugada, antes de lo que tenía previsto para concurrir al Salón Dorado de la Municipalidad de La Plata, donde serían los alegatos del juicio.

La casa de la familia López, en 69 y 140
El tercer nivel consiste en observar qué teléfonos activaron las antenas que cubrían la vivienda de López entre la medianoche y el mediodía del 18 de septiembre, para luego cruzar esa información con los números vinculados a las distintas hipótesis de investigación.
La herramienta permite, en términos generales, combinar dos tipos de información: el vínculo entre distintos teléfonos y la ubicación aproximada desde la que se produjo una comunicación. No significa que una antena permita determinar con precisión la posición de una persona, pero sí puede aportar un área aproximada desde la cual un teléfono realizó o recibió una comunicación.
Cinco años de reconstrucción informática
El sistema que aporta la DATIP permite realizar cruces de llamadas, localizar abonados en un mapa y establecer sus vinculaciones con personas investigadas. La reconstrucción apuntó específicamente a ordenar en una misma plataforma información que durante años había permanecido distribuida en diferentes registros.
Ese trabajo contempló, entre otros objetivos, las siguientes comunicaciones:
- Las mantenidas por la línea del domicilio de López entre el 15 y el 18 de septiembre.
- Los contactos de esos abonados con terceros.
- Todas las comunicaciones que activaron la antena correspondiente a la zona de la casa de López entre las 0 y las 12 del 18 de septiembre de 2006.
La dimensión del trabajo explica parte de la dificultad: no se trata de revisar diez millones de conversaciones, sino de procesar registros de comunicaciones para encontrar patrones, vínculos y coincidencias temporales y geográficas.
Veinte años sin respuesta y una oferta de recompensa
A casi dos décadas de la desaparición, la causa no logró avances para determinar qué ocurrió con López ni quiénes fueron responsables de su desaparición.
En paralelo, el Estado bonaerense volvió a actualizar este año la recompensa para quienes puedan aportar información. Mediante el Decreto 654/2026, publicado en junio, la Provincia estableció una recompensa de entre $5 millones y $10 millones, de acuerdo con la relevancia de los datos aportados y los resultados que permitan obtener.
