El tradicional local ubicado en la esquina de calle 10 bajará sus persianas definitivamente. El dueño asegura que la abrupta caída del consumo y un alquiler que supera los $5 millones volvieron inviable el negocio.
La crisis económica que golpea al sector gastronómico de la ciudad de La Plata sumará en los próximos días un nuevo y triste capítulo. Una reconocida cervecería, estratégicamente ubicada en la esquina de 10 y diagonal 74, cerrará sus puertas de manera definitiva, marcando el fin de una etapa en una de las zonas que supo ser el polo nocturno más concurrido de la capital bonaerense.
El local abrió sus puertas en 2019 y funcionó durante mucho tiempo bajo el paraguas de una reconocida franquicia cervecera de alcance nacional. Hace aproximadamente un año, los dueños decidieron dar un giro y continuar operando de manera independiente en el mismo espacio, pero la fuerte caída de las ventas y los elevadísimos costos fijos terminaron por asfixiar el proyecto.
“Ya no dan los números”, resumió con resignación Juan Ignacio Skare, propietario del emprendimiento, al confirmar que la decisión de bajar las persianas es irreversible. Al recordar las épocas de esplendor del negocio tras la pandemia, el empresario destacó que el movimiento era tan grande en el polo gastronómico que incluso llegaban a cortar la calle para albergar a la multitud que colmaba la diagonal.
Sin embargo, el panorama actual es diametralmente opuesto. El empresario advierte que la drástica reducción del movimiento nocturno, los cambios en los hábitos de consumo de los clientes y el cierre en cadena de distintos comercios vienen apagando la actividad de la zona, en un declive comercial que avanza a paso firme desde Plaza Italia en dirección hacia Plaza Moreno.
El golpe de gracia para la continuidad de la cervecería fue el valor del alquiler, conformando un combo fatal junto a la falta de clientes. Skare detalló que actualmente debe abonar 5,2 millones de pesos por mes por un espacio de apenas 40 metros cuadrados, lo que le genera pérdidas operativas que oscilan entre los 2 y los 3 millones de pesos mensuales.
Frente a este constante rojo financiero, el dueño calculó que necesitaría una inyección de entre 50 y 60 millones de pesos tan solo para mantener el local abierto hasta el inicio de la temporada de primavera. Al no tener margen para soportar esa inversión, actualmente se encuentra negociando con la inmobiliaria para acordar una rescisión anticipada de su contrato —al que aún le restan dos años— y lograr una salida que evite penalidades imposibles de pagar.
