El Instituto ANLIS Malbrán confirmó el hallazgo de tres pacientes contagiados con el sublinaje BA.3.2 en la provincia de Buenos Aires. Aunque la cepa presenta una alta capacidad de mutación y está bajo estricto monitoreo global, las autoridades llevaron tranquilidad al asegurar que no genera cuadros más graves.
La vigilancia genómica que se lleva adelante en el país encendió los radares epidemiológicos tras la detección de una nueva variante de coronavirus en el territorio nacional. Se trata del sublinaje BA.3.2, popularmente conocido como “Cicada” y derivado de Ómicron, cuya presencia fue confirmada recientemente por los especialistas del Instituto ANLIS Malbrán a partir del análisis de muestras recolectadas entre el 26 de abril y el 18 de julio de 2026.
Los primeros tres casos identificados corresponden a residentes de la provincia de Buenos Aires. Según detalla el último Boletín Epidemiológico Nacional (BEN), esta cepa se encuentra actualmente clasificada como Variante Bajo Monitoreo (VUM). Pese a la alerta inicial, los expertos aclararon que por el momento no representa un riesgo adicional sustancial para la salud pública; de hecho, los tres pacientes afectados evolucionaron de manera favorable, aunque uno de ellos requirió una internación transitoria producto de comorbilidades previas.
El origen de esta variante se remonta a Sudáfrica, donde fue aislada por primera vez en noviembre de 2024. Su curioso apodo, “Cicada” (cigarra en inglés), responde a su particular comportamiento virológico: tras una irrupción inicial, pareció desaparecer de los registros para luego regresar con fuerza a la circulación global. Su expansión cobró impulso a fines de 2025 y, para febrero de este año, ya representaba una porción significativa de los contagios en 23 países de África, Asia, Europa y América del Norte, marcando con su ingreso a la Argentina el primer reporte oficial en Sudamérica.
En cuanto a la sintomatología, la información clínica disponible indica que “Cicada” no difiere sustancialmente de los cuadros respiratorios ya conocidos, presentando indicadores clásicos como fiebre, fatiga, tos, dolor de garganta, congestión y pérdida del gusto u olfato. Sin embargo, el punto que mantiene expectante a la comunidad científica es su potencial para evadir parcialmente la inmunidad generada por vacunas o infecciones previas. Al respecto, el investigador Marc Johnson, de la Universidad de Missouri, advirtió que la cepa “tiene una alta capacidad de mutación, por lo que podría convertirse en dominante si desarrolla mayor capacidad de transmisión”.
