Con un historial personal de siete partidos sin victorias en el club de sus amores, el "Cerebro" llega motivado por su reciente gran actuación con River ante el Pincha para saldar una deuda histórica.
El próximo domingo 15 de febrero no será un día más para el mundo Gimnasia y Esgrima La Plata. Diez años y medio después de aquel 1-1 en septiembre de 2015, Nacho Fernández volverá a saltar al campo de juego para disputar el Clásico Platense con la camiseta del Lobo. Para el volante de 36 años, este encuentro representa la oportunidad definitiva de quebrar una racha personal que lo persigue desde su formación en Estancia Chica.
Durante su primera etapa en el club, Nacho disputó siete clásicos y no pudo festejar en ninguno. Su registro con la azul y blanca marca cuatro empates y tres derrotas, una estadística que contrasta fuertemente con su jerarquía individual. Sin embargo, el “Cerebro” llega a este duelo de 2026 con el ánimo por las nubes gracias a un recuerdo muy fresco: en septiembre de 2025, jugando para River, fue la figura absoluta en un 2-1 contra el Pincha con un gol y una asistencia.
La misión de Nacho no solo es personal; también es colectiva. Gimnasia carga con el peso de haber sido eliminado por Estudiantes en las semifinales del Clausura 2025 en su propia casa. Además, el Lobo no logra vencer a su eterno rival desde aquel histórico marzo de 2023 que cortó la racha de 13 años. Desde entonces, el balance ha sido magro para los de 60 y 118, con tres caídas y una igualdad en los últimos cuatro enfrentamientos.
“No te voy a mentir, es especial”, admitió Nacho meses atrás tras amargar al Pincha con la banda roja. Ahora, deberá traducir esa “especialidad” en fútbol para conducir a un equipo que necesita imperiosamente una alegría tras la dura derrota ante Barracas Central.
El escenario en el Bosque promete ser un hervidero. Con la experiencia acumulada en Brasil y Núñez, Fernández asume el rol de líder de un plantel que busca sacarse la espina de la eliminación del año pasado. Para Nacho, ganar el domingo significaría mucho más que tres puntos: sería el cierre de un círculo que quedó abierto hace más de una década y la confirmación de que, finalmente, le encontró la vuelta al rival de toda la vida.
El historial general marca una ventaja para el León, pero la presencia del “26” en el mediocampo tripero equilibra la balanza desde lo mental. En un torneo que recién arranca, el Clásico se presenta como la plataforma ideal para que el equipo de Zaniratto despegue y para que Nacho, de una vez por todas, pueda festejar un triunfo clásico abrazado a sus colores originales.
