Un joven de 17 años asegura que su pareja de 38 lo mantuvo atado y lo golpeó con una linga de metal durante días. El relato incluye la complicidad de un tercero y el funcionamiento de un búnker de estupefacientes en la vivienda.
El relato que llegó a la sede policial de Melchor Romero describe una pesadilla absoluta. Un adolescente de 17 años denunció haber sido víctima de un secuestro violento a manos de su pareja, una mujer de 38 años con la que convivía desde hacía pocas semanas. Lo que comenzó como una convivencia terminó en un cautiverio que se inició el pasado miércoles 15 de abril tras una violenta escena de celos.
Según la exposición policial, el joven fue retenido contra su voluntad y atado de manos dentro del domicilio. Durante los días que duró el encierro, habría sufrido agresiones físicas constantes, incluyendo golpes con una linga de metal. Las torturas estaban acompañadas por acusaciones de robo y sospechas delirantes sobre su entorno familiar, todo bajo la mirada de un cómplice identificado con el apodo de un personaje de fantasía.
Asistencia médica y el escape del horror
Una vez que logró escapar, el menor buscó refugio en la casa de su hermana, quien lo trasladó de urgencia al Hospital Alejandro Korn. Los profesionales que lo asistieron confirmaron múltiples traumatismos en diversas partes del cuerpo. Afortunadamente, los estudios médicos descartaron lesiones óseas o internas de gravedad, aunque el joven permanece bajo seguimiento por el impacto emocional y físico del ataque.
La vivienda como centro de narcotráfico
La denuncia dio un giro todavía más oscuro cuando el adolescente describió la actividad comercial de la casa. Aseguró que, durante su cautiverio, observó una venta constante de cocaína y marihuana que no se detenía ni de día ni de noche. Según su testimonio, el lugar funcionaba como un búnker donde incluso se aceptaban objetos robados como parte de pago por las dosis, lo que activó una investigación paralela por narcotráfico.
La Justicia ahora busca identificar al cómplice mencionado y determinar el paradero de la mujer acusada. Mientras tanto, se han dispuesto medidas de protección para el joven y su familia, dado el nivel de peligrosidad que sugiere el manejo de estupefacientes y la violencia empleada en el domicilio de Melchor Romero.
