El proyecto se desarrolla en la Unidad 61 de Melchor Romero, en La Plata.
El sector penal de la Unidad 61 de Melchor Romero, en La Plata, cambió notablemente su aspecto durante los últimos tres años. Césped, agapanthus, árboles y una llamativa colección de esculturas de animales forman parte de un proyecto realizado en conjunto entre agentes penitenciarios y personas privadas de la libertad.
La iniciativa es impulsada por el suboficial mayor Martín Ricatti, quien lleva 29 años dentro del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) y actualmente se desempeña en el área de Tratamiento. Todo comenzó con tareas sencillas de mantenimiento, como la recolección de residuos, la construcción de caminos y el armado de canteros.
Uno de los primeros pasos fue recuperar plantas de agapanthus que crecían de manera silvestre dentro del establecimiento y multiplicarlas alrededor del perímetro. Con el tiempo también se plantaron decenas de ejemplares y árboles en sectores como la entrada, Sanidad y el estacionamiento.
La propuesta dio un nuevo salto cuando Ricatti observó en Sierra de la Ventana figuras de ciervos realizadas con ramas y decidió trasladar la idea al penal. Con internos de buena conducta que tenían habilidades para las manualidades comenzaron a utilizar ramas secas, cubiertas de bicicletas y autos, hierro, madera y diferentes elementos descartados para construir esculturas.
Así aparecieron en el parque un cóndor, un ñandú, flamencos, perros y una cigüeña, además de una veleta con los puntos cardinales, un molino de jardín con la inscripción de la Unidad 61, un triciclo antiguo convertido en macetero y distintas carretillas de madera.
El trabajo también incluyó la restauración de obras que se encontraban deterioradas. Entre ellas aparecen una cola de ballena y una tortuga de madera donadas por el escultor platense Fernando Rigone. Además, los internos reconstruyeron una estatua de la Virgen del Rosario de un metro y medio de altura, obra de Marta Minujín, que fue reparada con cemento, pintada y colocada en la entrada principal.
Desde el establecimiento destacaron que las tareas no fueron planteadas como una obligación, sino como una actividad compartida para mejorar el espacio cotidiano. Las esculturas se convirtieron además en un atractivo durante los días de visita, cuando familiares y allegados recorren el parque.
A pocos meses de retirarse después de casi tres décadas de trayectoria, Ricatti busca que la iniciativa tenga continuidad. Durante estos años participaron también los suboficiales mayores Ariel Barreto, Juan Olivares y Juan Rojas, junto a numerosos internos de la Unidad 61, con el objetivo de dejar instalada una dinámica de trabajo que continúe más allá de quienes comenzaron el proyecto.




